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Rincón Técnico, por Juan Manuel Búrdalo González
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Jugar desde el banquillo, por Juan Manuel Búrdalo.

  La mayoría de los jugadores cuando están en el banquillo creen que ya no juegan y, están descansando   tanto física como mentalmente.

El descanso físico es obvio pero no lo es el mental, desde el banquillo también se juega.
Se juega siguiendo el desarrollo del partido, se juega animando a los compañeros y sobre todo, se juega pensando y observando lo que sucede. Desde el banquillo se tiene un punto de vista distinto al que tenemos en el campo y un plano de visión mucho más amplio, esto nos puede llevar a comprender aspectos del juego que dentro de la cancha y en caliente se no pueden escapar, tanto del juego propio como del juego del contrario.

Cuando el entrenador da el cinco inicial parece que los del banquillo se acomodan para ser espectadores privilegiados del encuentro y un pocentaje muy alto de jugadores no estudian el desarrollo del juego ni al rival. La típica pregunta del que sale al campo para substituir a un compañero es: ¿A quién defiendes, cual es el tuyo? Esto demuestra que el que sale no sabe a quien defiende cada uno de sus compañeros e incluso en algunas ocasiones no sabe ni que tipo de defensa está haciendo su equipo.

Por ello el entrenador debe estar pendiente de los hombres del banquillo y hacerles partícipes del juego y de los detalles que puedan ayudarles a la hora de salir al campo y tener una buena aportación al juego del equipo.
Algunos entrenadores ponen tareas a los hombres del banquillo, es una manera de tenerles pendientes del mismo y a la vez puedan aprender por observación de los demás. Estas tareas pueden ser del tipo: Controla si nos meten más puntos desde fuera o desde dentro. Busca un punto débil de su defensa. Mira en lo que flojean sus puntos altos o bajos. Necesitan de muchos bloqueos o no para tener un ataque fluido. Observa el porque de nuestras perdidas de balón.

Esto puede ayudar al jugador a la hora de mejorar su juego y el rendimiento conjunto del equipo.
En el banquillo uno no deja de pertenecer al equipo y por lo tanto debe poner su granito de arena en la mejora.
Los tiempos muertos también se incluyen en el juego desde el banquillo. Un tiempo muerto no ha de servir para quejarse, buscar excusas, criticar a un compañero o evadirse del juego. El tiempo muerto debe ser aprovechado para corregir, arengar, aprender y comunicar cosas útiles, de vez en cuando se hace necesaria una bronca, simepre y cuando venga seguida de una explicación de lo que hay que hacer.

Pedir un tiempo muerto y desaprovecharlo en una bronca colectiva sin dar solución a los problemas del juego tan solo sirve para ahondar en los problemas, no para solucionarlos.
Según algunos entrenadores, se dice que de lo que se explica en un tiempo muerto los jugadores tan solo asimilan un 20%.

Nuestra misión como entrenadores es hacer que la información que reciban en este minuto sea precisa, incida sobre los aspectos que queremos de manera directa y miremos a las caras de los jugadores aguantando la mirada a aquellos que veamos más despistados o con cara de no entender nada.

En cuanto a la pizarra, aquí si que tenemos que ser directos y no perdernos en multitud de diagramas, rayajos y borrones.
Cuando pedimos un tiempo muerto tenemos que hacer un análisis de los que queremos expresar en unas décimas de segundo para luego aprovachar al máximo el minuto, no vale pedir un tiempo y estar los primeros diez segundos con la boca abierta sin decir nada o diciendo incongruencias. Hagamos de ellos un arma más.

Resumiendo, si jugamos con el banquillo, escuchando al entrenador, aprovechando los tiempos muertos, observando y trabajando mentalmente lograremos que nuestro equipo "juegue con seis" y los jugadores en campo tendrán mucha más información útil para hacer un juego mejor.

Juan Manuel Búrdalo.